viernes, 6 de noviembre de 2009

BAHÍA SAN PEDRO, DONDE LOS ALERCES ESCONDEN EL MAR


Bahía San Pedro es uno de esos lugares que ilumina el alma. Es el Bosque estirando sus ramas hasta alcanzar el mar y convivir con la arena. Es un lugar escondido tras la cordillera de la costa, que observa serenamente  como un torrentoso río funde sus aguas dulces con el salado mar. Es donde una decena de casas resiste el viento y la lluvia, junto a las familias Williche del lugar.
Llegar a Bahía San Pedro no es un tarea fácil. De Osorno -punto de partida- hasta la costa hay que recorrer 125 km de los cuales gran parte están pavimentados y en doble pista. El recorrido, en nuestro caso implicó pasar por Purranque y una localidad llamada Hueyusca, desde donde ya el camino se torna más duro. Purranque es el último centro urbano.

El camino con el paso de los kilómentros comienza a cada vez a estar en peores condiciones.
 
La aventura nace desde el solo hecho de tomar el camino de piedra que en las próximas horas será nuestra única realidad. No obstante lo malo y hasta peligroso de la ruta se compensa por un paisaje único. Son los helechos y los colihues los que llenan los ojos de un fuerte verde sureño. Es la lluvia a mi juicio un factor que debe estar presentes para vivir esta aventura, sin lluvia de seguro es mucho menos emocionante.

Los Alerzales
Los Alerces sin ramas, aquellos troncos solitarios son por lo general árboles muertos.

Tras verdaderos túneles de árboles, donde las nubes y las ramas logran hacer desaparecer por completo la luz, se llega a la cima de esta cordillera, donde aparece un espectáculo de sobrevivencia maravilloso:
Son cientos, quizás hasta miles de Alerces que con la volundad del moribundo que no quiere morir luchan por recuperar la punta de la montaña luego  que en 1845 aproximadamente fueran incendiados voluntariamente -según cuenta la historia- por un mismo Williche para tener más terrrenos para el manejo de sus animales (Alerceros Huilliches de la Cordillera de la Costa de Osorno, Pag, 71 quien a su vez cita Guillermo Frick 1849: fj 84-85)
Podría ser un cementerio de Alerces, no obstante la vida puja y son muchos los que vuelven a verdear. De troncos secos y solitarios, crecen nuevas ramas. El Alerce está dando una gran batalla que espero logre ganar. La vista a pesar de todo es sobrecogedora.

El Camino
Los pescadores de la zona utilizan un camión de la segunda guerra mundial.
 
Si ya el camino era malo, lo que se nos venía era algo inimaginable. A partir de una cima llamada El Loro comenzó un nuevo concepto de camino. Era algo así como manejar dentro de un canal donde solo cabía un vehículo. Lleno de grande rocas, canaletas y muchas más cosas que contribuían a hacer complicado nuestro destino. La hora siguiente fue igual, a pesar que no avanzamos más de 10 kilómetros.
Ese canal, llamado ruta, camino o huella, fue hecho con chuzos y picotas y déjenme decirles que se nota aquello, así como también es claro que nunca hubo la fuerza de maquinaria pesada. Esto puede ser entretenido, pero no olvidemos que allí, en Bahía San Pedro viven agricultores y pescadores, niños y abuelos que están prácticamente aisalados.

La Bahía
Esta es exactamente la desembocadura del Río San Pedro al Pacífico.

Luego, el mar nos enfrenta. Allí está una bahía más bien tranquila, un lugar donde vi caballos y corderos pastando en la playa, incluso un cerdo. Sí señoras y señores, un chancho corriendo en la arena con la brisa marina despeinando su pelaje.
Las casas o están mirando el mar o las orillas de un gran río -el río San Pedro- el cual es necesario cruzar en botes. Estamos en plena desembocadura de la cuenca del San Pedro. Es la llegada al Pacífico... es un saludo de larga distancia que envió la gran cordillera de Los Andes.
Los habitantes viven de la pequeñas siembras, así como también de la crianza de ovejas. Famosa también es la pesca artesanal donde extraen locos y sierras.

El Regreso


La vuelta en si era una nueva aventura, había que subir lo que habíamos bajado y eso ya era gran un desafío, más aun cuando la lluvia no había parado en todo el día. De más está decir que lo logramos, bastó con usar la 4X4 en su modo más lento... pero no había terminado todo, la cordillera de la costa nos tenía reservado otro espectáculo despidiéndonos con una nevazón, las cuál nos permitió ver esos mismos alerces ahora cubiertos de blanco.

1 comentario:

  1. Excelentes comentarios sobre la zona. Por casualidad cuando fuiste ¿No encontraste restos de un asentamiento leñero en la cordillera, antes de llegar a la bahía? Saludos.

    ResponderEliminar