miércoles, 14 de septiembre de 2011

RELATOS CHILOTES


Texto de la Abogado Katty  Morales Vera quien ha tenido una extensa experiencia con las comunidades indígenas de Chiloé

El Balseo de las Almas
Historia relatada por don Roberto Panichine, Lonko Comunidad Indígena de Chanquin.

Narra la historia acerca de la existencia de una embarcación que conducía a los muertos hacia el mar, el embarcadero de estas ánimas se encontraba situado en la Punta Piruril, del sector Rahue, desde allí las almas de los difuntos llamaban la balsa que los recogería para iniciar su viaje hacia la eternidad, hacia el fondo del mar.  En una oportunidad un hombre del sector quiso embarcarse, aún estando vivo, para descubrir el misterioso viaje.  Para lograr su cometido llegó hasta el embarcadero en Piruril y llamó a la balsa. Silvó y silvó, en ese momento divisó en el horizonte que la embarcación se acercaba cada más hacia él.  Cuando la balsa estuvo próxima al embarcadero, las ánimas descubrieron el engaño, quien los llamaba no era un alma, era un hombre. El barco emprendió su retirada raudamente, quedando el impostor sin la posibilidad de descubrir en vida los secretos de la travesía.
Pasaron los años, el joven embustero ya era anciano, los años lo habían envejecido rápidamente.  Enfermó grave y su muerte fue cosa de días.
Al morir, cómo todas las ánimas del sector, emprendió su viaje al embarcadero de las almas y llamó la balsa para que lo transportara a su otra vida, pero cuando ésta estaba a punto de atracar, sus pasajeros recordaron en el envejecido rostro, al joven que había pretendido engañarlos y decidieron que no lo transportarían en su balsa, abandonándolo a su suerte en la Punta Piruril.
Desde entonces se sienten los incesantes silbidos de esta ánima camuflada en el incesante viento de las dunas de Cucao, llamando a la balsa de las almas.


La Huenchula
Relato de don Jorge Guenuman, Lonko Comunidad Indígena de Huentemó.

En el sector de Palihue, existía un pozo, que luego de surcar innumerables dunas y atravesar grandes montículos de arena, que en todo momento lo mantenían protegido, desembocaba al mar. Cerca del pozo vivía una joven cuyo padre se llamaba Huenchul, de ahí su nombre “Huenchula”.  Como toda joven era pretenciosa y cada vez que sus padres le pedían que fuera a buscar agua, aprovechaba el reflejo del pozo para apreciar su larga cabellera oscura  y las coquetas  formas de su cara morena.  Tal era su belleza que provocó el recelo del Piuchén[1] o “Munstruo”.
En una de las tantas oportunidades en que la Huenchula se dirigió al pozo, el Piuchén que desde hacía tiempo la acechaba, se apoderó de ella, arrastrándole hacía las profundidades del pozo. La joven que durante mucho tiempo forcejeó con este ser, no pudo resistir el poder del Piuchén, la contienda fue tal, que al alrededor del pozo quedó su sangre derramada y los baldes con los que acarreaba el agua, tirados por todos lados.
La tristeza de sus padres fue inmensa, su joven hija había muerto.
Años más tarde, un día en que su madre limpiaba las redes de su marido, divisó a lo lejos, en lo más alto de los montículos de arena, la figura de una bella joven que traía en sus brazos a una pequeña.  La alegría de la desconsolada madre fue inmensa, en la silueta que se aproximaba, reconoció las delicadas formas de su  hija, a quien había dado por muerta.
Entre abrazos y llantos de felicidad, entraron a la ruka, sin que la Huenchula diera explicaciones de su larga ausencia, sólo pidió a su madre que prepara una cuna de madera y paja para recostar a la pequeña, lugar en que la Huenchula la acurrucó, solicitando  a la madre que la cuidara, pero sin mirarla, ya que ella debía ir a encontrar a unos invitados.
La Huenchula, por el mismo camino en que había llegado, salió al encuentro de sus misteriosos invitados.  Su madre, que no aguantó la curiosidad de conocer a la niña que reposaba en la cuna, espero a que la Huenchula desapareciera tras las dunas para ir donde la pequeña dormía.  Cuál no sería su asombro… ¡Al ver la cuna no encontró más que agua!
La Huenchula que estaba próxima a encontrar a sus visitas, sintió lo que la desobediencia de su madre había causado, la bebé que traía, su hija se había transformado en agua.  Su enojo fue tal que corrió iracunda hacía su hogar, tras de ella sus invitados comenzaron a salir de mar, precedían su camino, lobos marinos, focas, peces, nutrias y otros animales acuáticos, que furiosos igual que ella increparían el desatino de la madre.  Desde las dunas la Huenchula gemía y gritaba desesperada a su madre.
Cansada y desconsolada, dio la vuelta corriendo tras los seres acuáticos que se adentraban a la mar, maldiciendo la playa “Cucan Cuy-Cucan Cuy”. En la medida que la Huenchula gritaba y maldecía, las mareas se recogían.
Desde ese fatal día, nunca más la Huenchula apareció, sólo se escuchan sus maldiciones, que describen el recorrido de los vientos y las mareas.
 Debido a las maldiciones Cucan Cuy-Cucan Cuy, se explica el nombre de Cucao y que es producto de la furia de la Huenchula, que esta playa es una de las más hostiles de la Isla Grande de Chiloé.
En síntesis, es posible apreciar que la vida de este grupo de personas, unidas entre sí por parentescos de larga data,  tales como los Millacura, Chodil, Nain, Panichine, Guenuman y Cuyul, constituyen troncos familiares sumamente extensos, que hasta los días de hoy se mantienen, en muchos aspectos subsisten los mismos rasgos culturales que les han permitido traer a este tiempo, prácticamente los mismo rituales que practicaban sus antepasados.  De esta forma nacen, crecen, forman sus familias y mueren siempre próximos al mar.  Existen cementerios situados a menos de 200 mtrs. de la playa, se explica esto posiblemente debido a que se han encontrado conchales con personas sepultadas dentro de estos, tradición propia de los pueblos indígenas aledaños al mar.


[1] El Piuchén es un “munstruo”, que no se ve, pero se sabe que no tiene forma definida, esto se debe principalmente a que habita en lugares acuosos, como pantanos, lagunas, zonas de ponponales, pozos, ríos, lagos  y mares. Su fuerza y poder son formidables.




Este material es posible gracias a los relatos que en entrevista grupal aportaron don Humberto Márquez, Roberto Panichine, Juan Guenuman, Jorge Guenuman, Luis González, Georgina Cuyul, José Naín, Jaime Chodil, Víctor Luna y Matías Millacura.




Adjunto este material, para que quien esté interesado sobre el trabajo cotidiano que se realiza con los Pueblos Indígenas en Chile, especialmente en la Isla de Chiloé, lo examine y conozca un poco más. Lamentablemente este tipo de cosas no aparece en prensa, pero las comunidades en Cucao, finalmente se han organizado para trabajar en conjunto y proteger su mar, del que siempre han vivido.  En las proximas semanas se internaran en las tramitaciones de solicitud al Estado del Espacio Costero para Pueblos Indígenas, el cual pasará a ser parte de su administración NO de su propiedad, para su uso legal, resguardo y desarrollo sustentable para las futuras generaciones. 
El documento que adjunto, constituye parte de lo que ellos relatan en su forma de relacionarse con el mar y que es necesario agregar a la solicitud. 
En la tarde de ayer nos reunimos en una típica casa chilota, alrredor del fuego, y los hombres, todos de mar, con sus faltas de expresiones características, hablaron y contaron sus historias como unos niños, rieron, se redescubrieron y volvieron a sentirse orgullosos de su ser. Ese fue un día inolvidable.

Mis especiales agradecimientos a don Ignacio Díaz, Jefe de Gabinete de Gobernación 2006-2010, que cuando el bus a Cucao no salía simplemente porque se le daba la regalada gana, me condujo amablemente, con todos mis lastres.


Compiladora: Katty Morales Vera.

lunes, 27 de septiembre de 2010

jueves, 16 de septiembre de 2010

PINATRAS: CUANDO EL BOSQUE DA DE COMER

Pinatras (FOTOGRAFÍA: Gabriel Carvajal Valle)


Ayer fui a San Juan de la Costa y encontramos un bosque de roble (Nothofagus oblicua) también conocido como Hualle y Pellín en la zona. En dicho bosque, en las ramas crece un hongo llamado pinatra o Bigueñe, un bolitas blancas de exquicito sabor... el bosque da de comer.
A continuación les dejo unas recetas con este producto.

jueves, 9 de septiembre de 2010

SI VAS POR LA RUTA 5 CERCA DEL SALTO DEL LAJA, PASA A VERLO

Seguro muchos lo hacen, pero no está demás decirlo, el Salto del Laja quedan tan cerca de la Ruta 5 que es muy refrescante pasar.
Venía de un viaje donde llevaba más de 7 horas manejando y fue rehabilitadora esa parada. Destacar que es gratis el acceso.



Salto del Laja, Región del Bio Bio (Fotografía: Gabriel Carvajal)
más información en:

lunes, 30 de agosto de 2010

Parque Nacional Puyehue: Aguas Calientes y Bosques Húmedos

Río Chanleufú

Decir que conocimos el Parque Nacional Puyehue no pasaría de ser una pretensión exagerada puesto su tamaño es 107 mil hectáreas, es decir algo así como toda la Región o Provincia de …., con suerte caminamos poco más de 1 km y bastó para quedar gratamente sorprendidos.

miércoles, 28 de julio de 2010

EL FUERTE NIEBLA


Cañones Fuerte Niebla.-
Cuando niño tuve la oportunidad de conocer el Fuerte Niebla y recuerdo la sensación de ese momento y solo puede ser descrita por la palabra “alucinante”.


Para el día del Patrimonio nos dirigimos a esta ruta, queríamos conocer uno de los tantos fuertes que construyeron los españoles para repeler los ataques de los mapuche del sur, los williche.